Un debate de altura sobre infancia

Un debate de altura sobre infancia

Luis Alberto Barquera
 

El momento de escribir estas líneas no tenemos aún la certeza de que el proyecto de Ley General de Protección a la Niñez y los cambios a la Ley de Asistencia Social serán aprobados en esta legislatura federal.

Sabemos, sin embargo, que esas propuestas no cuentan con consenso para ser aprobadas y, por lo tanto, es posible que ni siquiera lleguen a ser discutidas por el pleno.

En todo caso, pase lo que pase, hoy 30 de abril, día del niño, abriremos una nueva etapa en el debate sobre ese y otros temas, como forma ineludible de contribuir a modificar la política de infancia y de participar en la coyuntura electoral. Son múltiples las razones por las que es positivo para la salud de la república impulsar el debate.

Sabemos que cualquier teoría científica se puede refutar con nuevos datos o con una nueva teoría. Todas son, en este sentido, provisionales. Nullius in verba, el lema de la Royal Society de Londres, nos recuerda que la ciencia avanza con base en evidencias, no a partir de “órdenes de arriba”.

Hemos aprendido que una propuesta válida, en términos de ética y filosofía política, surge del sometimiento al escrutinio y el debate público. Amartya Sen nos recuerda que “Nada es tan importante como un debate público debidamente documentado y la participación de la gente para presionar a favor de unos cambios que pueden proteger nuestras vidas y libertades. El público debe considerarse a sí mismo no sólo como paciente, sino también como actor del cambio. La pasividad y la apatía pueden ser sancionadas con la enfermedad y la muerte”.

Si yo puedo aprender de ti y quiero aprender contigo para encontrar la “verdad”, no sólo debo tolerarte, sino reconocerte como igual en potencia. La potencial unidad e igualdad de derechos de todas las personas son un requisito de nuestra disposición a discutir racionalmente. Podemos aprender mucho de una discusión, por lo que razonar públicamente cobra especial relevancia para nuestro aprendizaje.

En este marco, un intenso debate público nos puede ayudar como sociedad a visibilizar la temática de infancia. Las mismas organizaciones tienen que preocuparse más por contribuir al debate público. No podemos dejarlo para cada vez que se discuta una ley.

Tenemos un excelente punto de partida, que es el mandato del artículo 73 de la Constitución, asumido por los estados de la federación, para modificar la actual política. Ahí está un programa de reformas en materia de infancia que nos pueden dar una legislación y una institucionalidad a la altura de los problemas y de las potencialidades de los niños y niñas de México.

Nuestro deber es impulsar una política abierta a la participación de todas las partes interesadas. Lo que distinguió al proceso actual de elaboración del proyecto de ley y las reformas a la ley de asistencia, es que se desarrolló al margen de expertos académicos, de organismos internacionales y organizaciones de la sociedad civil. No cometamos el mismo error. Ahora tenemos que buscar a los candidatos locales y a todos los que deban conocer nuestra agenda de infancia.

Es importante valorar el costo/beneficio de cualquier iniciativa. Se nos ha dicho que no puede haber una propuesta de institucionalidad diferente, ni nuevas políticas públicas, porque no hay recursos. No es nuevo que se acuda a este argumento para aplazar inversiones socialmente relevantes. Debemos contribuir con argumentos sólidos para proponer que se asuman estas nuevas prioridades y para que se debata cómo debe orientarse el dinero público.

¿Es menos importante la inversión en infancia que la realizada en otras áreas en la que incluso se percibe dispendio, como los 6 mil 479 millones de pesos en publicidad y promoción de imagen que gastó la Presidencia de la República en 2010, casi el triple de lo autorizado por el Congreso para ese rubro, de acuerdo con la Auditoria Superior de la Federación?

Se requiere una agresiva inversión en infancia, con perspectiva de derechos, adicional a la que ya existe, para asegurar protección, aprovechar el bono demográfico y garantizar la paz y seguridad que requerimos.

Por eso colocaremos en todos los ámbitos información sociodemográfica sobre la situación de la infancia, para poner en perspectiva lo que se requiere para garantizar efectivamente derechos. En este sentido, también debe tomarse en cuenta para la discusión el acumulado de propuestas legislativas o de política pública, teniendo siempre como faro las recomendaciones del Comité del Niño de la ONU.

Demos un debate con evidencias, documentado, con nuevo conocimiento, alineado con las recomendaciones del Comité del Niño de la ONU y el artículo primero Constitucional, con el impulso de la Red por los Derechos de la Infancia en México. Demos un debate de altura. Como dice Sen, “la cultura del debate abierto y el mutuo aprendizaje es la mejor vía para alcanzar un progreso productivo y humano.”