

La violencia familiar comienza a percibirse como un asunto de orden público desde más o menos mediados del siglo pasado, cuando, después de la Declaración sobre Derechos Humanos, la igualdad y la libertad se convirtieron en valores que perseguir y defender. Antes de esto y por mucho tiempo el problema de la violencia familiar se circunscribió al ámbito de lo privado, legitimado por valores y estereotipos que afirmaban el dominio de los hombres sobre las mujeres y de los adultos sobre los infantes.
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